martes, 4 de diciembre de 2012

Educación Neoliberal



La cultura competitiva del Neoliberalismo en la educación mexicana

Introducción

El tema que se aborda en este trabajo se refiere a la educación y las medidas implementadas en la política educativa en México; esto circunscrito en el marco del Neoliberalismo. Se parte desde el punto de tomar a la educación más como una visión y manera de estar en el mundo, que como forma de instrucción. Es importante este señalamiento debido a que en el tema a tratar no se tomaran demasiado en cuenta el análisis de programas educativos, teorías pedagógicas, o descripciones de la educación en forma cronológica.
El trabajo se centra en tres aspectos esenciales: primero se hará una descripción de lo que se entiende como Neoliberalismo desde la concepción teórica que se ha hecho de este modelo económico. Para ello será necesario el análisis de los conceptos desarrollados por dos de los teóricos neoliberales más importantes: F.A Hayek y Milton Friedman. Como segundo punto en el trabajo se tomará en cuenta la descripción de la educación como práctica que ayuda a la concepción de una ideología; será necesaria la explicación de algunos conceptos para la mejor comprensión de las intenciones que se manifiestan en el discurso neoliberal. Por último, se analizarán las medidas tomadas con respecto a la educación por parte de los agentes que promueven el neoliberalismo.
El trabajo intenta responder a tres cuestiones: La primera tiene que ver con el por qué del rechazo que el Neoliberalismo siempre ha manifestado con respecto al control gubernamental; tomando en cuenta que ese en uno de los puntos centrales en su ideología. La segunda pregunta quese plantea en este trabo se traduce en la naturaleza de los fines escondidos en la implantación de nuevas políticas económicas. La última pregunta es de orden pragmático: cómo es que éstas políticas fueron impulsadas en el periodo neoliberal en México tomando como punto de arranque el año de 1988.
Para la elaboración de este trabajo se han usado fuentes bibliográficas y artículos de revistas especializadas en temas de educación así como una tesis de la escuela de Estudios Latinoamericanos. También se ha hecho uso de algunos documentales encontrados en internet y de algunas páginas web. Todo esto con el fin de construir una visión un poco más amplia del tema.


La cultura económica neoliberal: el pensamiento de Hayek y Friedman

Mucho se ha escrito ya sobre el Neoliberalismo y sus repercusiones en la sociedad. Lo cierto es que mucho de lo escrito ha venido desde la crítica bien merecida que este modelo económico ha provocado. La misma realidad nociva que se ha construido con la implementación de políticas económicas neoliberales  en el mundo actual, es la misma realidad que ha llevado a que desde las diferentes disciplinas que conforman el conocimiento humano, en especial desde las ciencias sociales, se tome en cuenta  la elaboración de una reflexión acerca de la naturaleza discursiva, así como de las intenciones de dicho modelo. Sin embargo, es muy notable que la mayoría de lo que se sabe del Neoliberalismo provenga de una posición de izquierda que desde su perspectiva  crítica explica el funcionamiento de dicha tendencia económica. Es por esto mismo que existe una necesidad de entender al Neoliberalismo y a las políticas que lo soportan tomando en cuenta el punto de vista de sus formuladores y teóricos. Lo anteriormente dicho no expresa una postura favorable en cuanto a la ideología neoliberal ni una  toma de partida hacia la derecha o lo reaccionario, sino que se trata de formular, por medio de la lectura de los preceptos fundamentales de dicha tendencia, una visión más completa del tema en cuestión. Para tal tarea se hará uso en su mayoría de la obra de Héctor Guillén Romo: La contrarevolución neoliberal en México.[1]
Si existe un referente sustancial en la historia de la economía en cuanto a Neoliberalismo se refiere, éste debe de ser sin lugar a dudas Milton Friedman.  El premio Nobel de economía del año 1976 es uno de los personajes más polémicos en la historia contemporánea de dicha disciplina y uno de los más importantes teóricos de la reestructuración de las políticas económicas a nivel mundial. Junto con sus postulados teóricos devino toda una puesta en marcha de estrategias para la implantación de manera pragmática de lo que hasta entonces sólo se encontraba en papel. Basta recordar su colaboración en la caída del gobierno de Salvador Allende en Chile y a la asesoría  que proveyó para la transformación de este país en una especie de laboratorio en el cual se implementarían las nuevas políticas económicas por medio de un régimen totalitario representado por Augusto Pinochet  como lo sostiene Naomi Klein en su libro La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre.[2]En este libro toma en cuenta la participación de Friedman en lo que se convirtió en una de las dictaduras más crueles de América Latina en el siglo XX:
“Los ciudadanos chilenos no sólo estaban conmocionados después del violento golpe de Estado de Pinochet, sino que el país también vivía traumatizado por un proceso de hiperinflación muy agudo. Friedman le aconsejó a Pinochet que impusiera un paquete de medidas rápidas para la transformación económica del país: reducciones de impuestos, libre mercado, privatización de los servicios, recortes en el gasto social y una liberalización y desregulación generales. Poco a poco, los chilenos vieron cómo sus escuelas públicas desaparecían para ser reemplazadas por escuelas financiadas mediante el sistema de cheques escolares. Se trataba de la transformación capitalista más extrema que jamás se había llevado a cabo en ningún lugar, y pronto fue conocida como la revolución de la Escuela de Chicago, pues diversos integrantes del equipo económico de Pinochet habían estudiado con Friedman en la Universidad de Chicago.”[3]
Según esta autora, Milton Friedman veía en los grandes problemas coyunturales de un país o de una institución una oportunidad para la reestructuración de la forma de organización estatal o institucional. En el caso de Chile se aprovechó del gran trauma que provocó en la sociedad un golpe militar; mismo golpe militar que fue provocado por la burguesía empresarial chilena en detrimento de un gobierno de corte socialista con la colaboración del gobierno de Estados Unidos. La hiperinflación que vino con el cambio brusco del gobierno fue el pretexto para reformular la política económica de Chile. Pero Friedman también encontraba la oportunidad en sucesos no provocados por el ser humano; incluso en aquello que escapa al control de los hombres, como lo es un fenómeno natural (terremotos, inundaciones, tornados, tsunamis etc.) se encontraba la oportunidad implementar y justificar toda una nueva política.
Pero la elaboración de sus teorías no fue un trabajo en solitario; mucho tuvo que ver la colaboración de su esposa Rose Friedman para la construcción de su plan de regeneración social.  El matrimonio Friedman se apoyaba en cierta medida en los trabajos producidos por la escuela clásica burguesa; autores como Adam Smith tuvieron gran influencia en la elaboración de sus teorías. Esto supone, en cierta medida,  una falta originalidad en  cuanto a la construcción de una teoría neoliberal, ya que la creación de esta teoría es un trabajo acumulativo de los economistas a lo largo del tiempo. Lo que el Neoliberalismo hace es llevar preceptos ya conocidos al extremo. No se puede tomar a Friedman como el “creador” del modelo neoliberal; en este proyecto también tuvo gran injerencia otro pensador  coetáneo de Friedman: F.A . Hayek.
Friedrich Hayek fue premio Novel en 1974, dos años antes que Friedman. No sólo se desarrolló en la economía, sino que también lo hizo en otros ámbitos como la filosofía y el derecho. Su contribución en el ramo de la economía lo convirtió en uno de los padres del liberalismo moderno. Su trabajo puede ser tomado como más teórico que el de su colega; esto se debe a que él trata de justificar la liberación del mercado desde la elaboración de conceptos más amplios en los que se toman en cuenta estructuras sociales e institucionales dándoles un carácter ontológico y determinante en la implantación de un Neoliberalismo.
Para los dos pensadores el individuo y la libertad son las metas a alcanzar. Existe un fin: el de que el individuo se desvincule  de los lazos tradicionales que un sistema le impone, este es el proyecto que la evolución social tiene para los hombres. “los esfuerzos espontáneos y libres de los individuos pueden determinar un sistema complejo de actividades económicas.”[4]  Para Hayek existen dos formas de considerar a las estructuras de la actividad humana: el constructivismo y la evolución .El primero se refiere a la forma en la que los individuos se organizan para la creación  de las instituciones de una forma deliberada y con un proyecto ya en mente. Las instituciones sólo servirán a la humanidad en cuanto son creadas en función de servir a la misma a través de sus objetivos. Estos objetivos no se dan al azar: son ellos condición y fin de las instituciones. Por este mismo carácter de plan preconcebido es posible su transformación para un mejor desempeño en la vida. Frente a esta idea se aparece la concepción de las instituciones y del orden a través de la evolución. “el carácter ordenado de la sociedad (…) no depende sólo de instituciones y de prácticas inventadas con este objetivo, sino que se “deben en gran medida a un proceso descrito en una primera instancia como maduración y posteriormente como una evolución. Proceso por el cual prácticas que habían sido anteriormente adoptadas por otras razones, que incluso habían sido adoptadas de manera accidental, fueron  conservadas por procurar a los grupos entre los cuales habían aparecido primero una cierta superioridad frente a los demás grupos”.[5]En este orden evolutivo no existe un fin ya pensado de antemano; es un orden cuya existencia está ligada a la tradición o al flujo de lo convenido en un tiempo inmemorial. Sus objetivos tienden a cambiar con el paso del tiempo conservando cierta esencia del pasado que imprime un orden natural.
Esta confrontación entre estructuralismo y evolución es de prístina importancia en lo que viene a ser una justificación para la liberación del mercado de las ataduras que la acción gubernamental le impone. Para Hayek todo parte desde el concepto de orden.  Este concepto debe de ser entendido como “un estado de cosas en el que una multiplicidad de elementos de naturaleza diferente están en una relación tal, los unos con los otros, que podemos aprender a hacer pronósticos, conociendo ciertos componentes espaciales o temporales de conjunto, con fuertes probabilidades de que nuestros resultados sean correctos”.[6]El orden es el que mueve a las sociedades; existen formas de conductas que se encuentran ligadas y normalizadas por este orden y sin cuya injerencia la convivencia se haría casi imposible.
En cuanto a la genealogía del orden Hayek encuentra dos formas de construcción del mismo. La primera es la noción de orden en cuanto a procesos planeados por los seres humanos, una construcción de la psique humana para la consecución de una forma de relación social con un propósito planeado por una fuerza externa al sistema. Esta primera postura se encuentra en relación directa con lo ya mencionado arriba: estructuralismo.  La segunda postura tiene que ver con la existencia de un equilibrio al que Hayek llama endógeno, como el que existe en las formas del mercado; Hayek llama a este orden espontáneo y hace referencia al evolucionismo. El primer tipo de orden es fabricado por una entidad que desde afuera organiza la dinámica de lo social o institucional; el segundo tipo de orden es dinámico en sí mismo y por ello es el orden mismo: no necesita de agentes exógenos que lo organicen.
Basta leer entre líneas en esta forma de concebir al orden para darnos cuenta de cuáles son las intenciones del autor: la justificación de la liberación de las fuerzas del mercado. Si existe un tópico en la teoría neoliberalista, este debe de ser el del deshacerse del control gubernamental del Estado en la dinámica económica a nivel mundial. La justificación se da en la medida en que existen estos dos tipos de orden con cualidades diferentes: uno es más sencillo que el otro. El primer tipo de orden obedece a los fines de una persona o grupo que en las sociedades modernas están representados en la forma del Estado. El segundo orden es más complejo en cuanto a la falta de existencia de fuerza que lo rija que no sea él mismo. Este orden escapa a las capacidades de la mente humana  ya que están conformados por  una variedad de procesos abstractos y complejos que en la historia de la humanidad se identifican con prácticas como la cultura o las relaciones de mercado.
A pesar de identificar estos dos órdenes cualitativamente diferentes en la teoría neoliberal los dos pensadores no niegan la intromisión de los gobiernos en el funcionamiento de la sociedad. En el caso de Hayek el Estado puede ofrecer algunos servicios como el de la procuración de los desamparados (ancianos, enfermos, discapacitados físicos y mentales, viudas y huérfanos etc.),la defensa en contra de enemigos extranjeros, o la ayuda en caso de desastres naturales. Esto se debe a que son servicios que los particulares no están dispuestos a administrar por la falta de remuneración económica. Para Milton Friedman debe de existir un mínimo de interacción íntima entre la política y la economía: “existe una relación íntima entre la economía y la política, que sólo ciertas combinaciones son posibles entre regímenes económicos y regímenes políticos, y que, en particular, una sociedad socialista no puede ser democrática –si ser democrática significa la libertad individual”.[7] En una sociedad libre la economía tendría un doble papel: por un lado la libertad económica sería condición para alcanzar la libertad en el más amplio sentido del concepto y por esto mismo vendría a ser un fin a perseguir: por el otro lado ésta misma libertad nos llevaría a alcanzar la libertad política. Para Friedman el régimen socialista al no liberar el comercio ejerce una autoridad dominadora de la libertad absoluta. Por eso es condición determinante que exista un régimen capitalista para el logro de la libertad. Es menester la instauración de un régimen que vaya más allá de lo que un Estado de bienestar propone. El gobierno ya no debe poner trabas al mercado o regularlo. Este es el fin de las políticas económicas neoliberales que se han venido imponiendo a lo largo de cuarenta años en el mundo entero.
Existe una contradicción que salta a la vista en al momento de comparar lo discursivo con lo real. El Neoliberalismo promueve la nula intervención del gobierno en la forma de regular a la economía, sin embargo a lo largo de los años vemos cómo el mercado, como poder real (económico), ha hecho uso del Estado para conseguir sus fines. Para mediados del siglo XX se entendía que vivíamos en una sociedad cuya economía era de carácter mixto. El Estado era una clase de intermediario entre el poder económico y la sociedad. Era la figura que organizaba las formas de relación entre empleado y empleadores y que a la vez suministraba servicios requeridos por los ciudadanos. Muchos de los sectores estratégicos de la economía se encontraban en sus manos: energía, comunicación, recursos naturales, etc. pero a partir de los años 70s y 80s el Estado fue perdiendo su participación en dichos sectores. Nos hemos encontrado en una era de las privatizaciones; todo lo que ha sido posible de privatizar se ha privatizado y lo que no, se encuentra en proceso de serlo. El Estado ha pasado de ser un regulador a un servidor del capital. Por esto mismo no se puede hablar de que el Neoliberalismo busque en sí la anulación del Estado en sociedad de mercado; lo que se busca es el cambio cualitativo de dicho Estado dentro de la sociedad de mercado. Un Estado del cual hacer uso para el logro de la meta neoliberal: la libertad de mercado y la libertad de los individuos en sus relaciones económicas.

Educación como práctica ideológica

En el año de 1988 México se encuentra de frente ante una situación ya conocida por tradición en la Nación: un fraude electoral. La llegada de Carlos Salinas de Gortari, el primero de Diciembre de ese mismo año,  al máximo poder existente en el territorio estuvo marcada por la sombra de la ilegitimidad. Es un punto de referencia de este momento la dichosa caída del sistema, la cual sirvió como estrategia para la imposición del nuevo presidente en detrimento de su opositor Cuauhtémoc Cárdenas que había tenido la mayoría de los votos.
 La llegada del nuevo gobierno significó la llegada del modelo neoliberal a la economía mexicana. La liberación de las fuerzas del mercado en México rápidamente empezó a tomar prioridad dentro de los planes del nuevo régimen; es notable la privatización de los servicios que hasta ese punto se encontraban aún en manos del gobierno. Y esta tendencia a privatizar todo lo privatizable es una cualidad de los gobiernos siguientes en la historia nacional que aún en nuestros días sigue vigente a pesar de su falta de resultados óptimos. La práctica de nuevas políticas para la reestructuración del sistema mexicano había empezado; y el modelo educativo implementado hasta la fecha sería uno de los puntos estratégicos a cambiar.
Como ya se ha mencionado arriba uno de los puntos centrales, si no es que el más importante, dentro de las políticas económicas neoliberales es el marcado rechazo a la intervención del gobierno en los asuntos de la economía. Sin embargo la lógica del mercado necesita de instrumentos que ayuden a apoyar toda una visión de mundo: la imposición de una ideología será mejor captada si ésta se construye desde arriba con el fin de que su distribución se lleve de forma homogénea.
Para resaltar esta idea de la ideología podemos referirnos al pensamiento de Gramsci[8]. El pensador italiano en sus reflexiones concibió un concepto para explicar las relaciones de poder y su logro en la práctica, el cual concibe que éstas se lleven a la realidad por dos vías que son el consenso y la coerción. La famosa “hegemonía” de Gramsci es la que apunta hacia la vía del consenso; y esta señala el poder de una clase en tanto que es clase dirigente y que ostenta la capacidad para imponer una visión del mundo en la sociedad. Para ello hace uso de la ideología que toma forma en las prácticas cotidianas de instituciones como la escuela, la iglesia, un partido político, los sindicatos etc. en los que se representan y consumen la visión de una clase a la que se le imprime validez y legitimidad. Esto provoca que existan dos visiones de mundo en los individuos de las clases subalternas: la de la clase dominante que es conscientemente afirmada en las prácticas de la vida cotidiana y en los espacios públicos y rituales; y otra, la orgánica, que sólo aparece como ruptura, como violación y violencia de la normalidad en las situaciones de crisis o estallido social. La otra vía es  la que se ejerce por medio del monopolio de la violencia, que es particular de los Estados, a través de los aparatos represivos: ejército, policía, tribunales etc. 
La visión de mundo es el resultado de un proceso de asimilación que encuentra sus fuentes en prácticas tan diversas como la educación; y esta educación debe de ser tomada más en el sentido de construcción axiológica y manera de estar en el mundo que como mera instrucción. Manuel de la Torre Gamboa[9]cita a Joan-Charles Melichpara apoyar su idea de que la educación es una internalización del mundo:
“La educación en el mundo de la vida es […] una acción construida en función de formas simbólicas y decisiones axiológicas. El proceso educativo […] es una interacción social que se edifica sobre un horizonte de significado y de sentido. Sin orden simbólico no hay historia ni instrucciones sociales”.[10]
Desde este punto de vista se aprecia a la educación como algo más que la instrucción, elaboración de conocimientos o consumo de los mismos; lo que se expresa  es la construcción de significados dentro de una práctica social discursiva. Éste concepto puede ser entendido como “un espacio de interacciones sociales en el que tiene lugar la producción, circulación y reproducción del sentido a través del cual se producen y reproducen las relaciones sociales, y en particular las relaciones de poder “. [11]Un ejemplo de práctica social lo podemos encontrar en las manifestaciones de lo humano que se dan en la política, el arte, la religión y en la misma educación. En la educación encontramos relaciones de poder que son interiorizadas en los institutos de enseñanza: son unos cuantos los que deciden qué clase de educación es la adecuada para el momento. Los que adquieren tal educación son uniformados en una manera de pensar y de actuar en el mundo. También la educación en la actualidad ha servido para estratificar a las personas según su nivel de estudios; esto conlleva a que el individuo se sitúe en algún nivel de la escala social con pocas oportunidades de movilidad dentro de ella.[12]
De esta manera podemos entender que la educación es una más de las prácticas que se dan dentro de las relaciones sociales. Su función dentro del Neoliberalismo es la de formar a una clase de hombre que sea posible de insertar dentro de la lógica del mercado; esto viene siendo la consecución de un hombre que sea individualista y competitivo. En la lógica del pensamiento neoliberal el hombre debe de ser libre de las ataduras que una entidad (Estado) perteneciente al orden estructural mencionado anteriormente le impone con el fin de limitar sus acciones en la sociedad. Ésta libertad hará que el hombre, sin intenciones reales de hacerlo, al ejercer su libertad individual consiga un bien para todos los demás en el conglomerado social. Es la mano invisible que regula esta relación entre el individuo y los demás grupos. Milton Friedman hace mención de esta idea de Adam Smith encontrada en la obra fundamental del economista de la escuela clásica burguesa: AnInquiryintotheNature and Causes of theWealth of Natios.
“La intuición clave de Adam Smith fue la de comprender que las dos partes en presencia sacan algún provecho del intercambio, y que –dado que la cooperación sigue siendo estrictamente voluntaria- ningún intercambio puede tener lugar a menos que las dos partes saquen algún provecho. Ninguna fuerza externa, ninguna coacción, ninguna violación a la libertad es necesaria para el establecimiento de una cooperación entre individuos que beneficie a todos”.[13]
Los Friedman apoyan esta idea de la mano invisible ya que creen que el bien individual conlleva al bien comunal. La búsqueda del individuo en solitario de sus propios beneficios acarrea un bien para todos. Las personas, en sus relaciones comerciales que satisfacen necesidades de ser seres participantes en el mercado, a la vez que llevan a cabo la acción de producir bienes y servicios darán cabida a que otras entidades se desenvuelvan en el mismo mercado del que son partícipes.[14]De esta manera se hace necesaria la existencia de un hombre que lleve a cabo la tarea impuesta por la historia de crear una sociedad en la que todos los hombres hagan el bien a todos sin sacrificar su individualidad. Es en este punto donde el hombre educado neoliberalmente tiene que aparecer. Su existencia es condición y punto de partida para la existencia de una sociedad de carácter libertaria en cuanto a economía se refiere.

Educando neoliberalmente

En las décadas de los 80s y 90s se empieza a impulsar una reforma estructural de la educación en todos los niveles en América latina; y México no es la excepción. Pero dichas reformas van encausadas en mayor media hacia la educación superior. Esto es entendible ya que este nivel es la cumbre en la que el hombre necesario para el modelo neoliberal termina su formación.
Las reformas fueron el resultado del pensamiento de que no todo andaba bien en cuanto a educación se refiere. Se tomó como punto de partida el hecho de que la educación, siendo suministrada en su mayor parte por el Estado, carecía de los criterios de eficiencia y calidad que el mundo necesitaba. Y siendo el Estado ineficiente para el suministro de políticas educativas adecuadas se tomó en cuenta la participación de agentes externos a las naciones para la elaboración de las mencionadas reformas. Organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y en Banco Mundial empezaron a impulsar nuevas modificaciones. Pablo Gentili[15]en su artículo El consenso de Washington: la crisis de la educación en América Latina hace un análisis de las reformas impulsadas por dichos organismos. Advierte que desde el año de 1988 existe una homogeneidad en las políticas educativas y que esta “se verifica en la expansión de un mismo núcleo de diagnósticos, propuestas y argumentos „oficiales acerca de la crisis educacional y de sus supuestas salidas, así como en la circulación y el impacto (directo e indirecto) que los documentos y „recomendaciones del BM y del FMI tienen en la definición de las políticas públicas destinadas a este sector.”[16]
El sistema neoliberal en ese momento tomó en cuenta que existía una crisis en los modelos educativos. Por lo tanto la primera cosa por hacer fue el identificar qué aspectos no marchaban bien y si existían culpables de dichos fallos. Una vez examinando la situación y localizando a los culpables se tomaron cartas en el asunto y se planificó toda una gama de medidas a seguir.
Lo primero que es necesario es el saber qué argumentos daban los neoliberales para la afirmación de la existencia de una crisis de la educación en América Latina. Sin lugar a dudas uno de los principales obstáculos que encontraron, y que es tópico como ya se ha dicho, es la incapacidad del Estado para ofrecer un servicio adecuando en materia educativa. Los neoliberales ven al Estado como una entidad sobrepasada por la demanda de una educación de calidad. El incremento de una población con hambre de enseñanza hace imposible que el gobierno por sí mismo sea capaz de dar una educación de nivel. En su tesis de Estudios Latinoamericanos Miguel Alejandro González Ledesma titulada Neoliberalismo y educación superior en México identifica tres razones que los neoliberales dan para hablar de la existencia de una crisis:
1)Los gobiernos no sólo han sido incapaces de equilibrar los factores cualitativos con los cuantitativos, sino que ellos mismos son estructuralmente ineptos para combinar ambas dinámicas.
2) La expansión de los servicios educativos es un objetivo ya conquistado por casi todos los países latinoamericanos, siendo los índices de exclusión y marginalidad educativa una expresión clara de la falta de eficiencia del sistema y no de su escasa universalización.
3) La posibilidad de combinar calidad y cantidad con criterios igualitarios y universales es una falsa promesa de los Estados interventores y populistas.[17]
Para los neoliberales es primordial abrir la educación a las fuerzas del mercado emancipándolo del control gubernamental; “prometen revolucionar el sistema con la condición de abrirlo completamente al libre juego de las fuerzas del mercado. Así, nos dicen, no se trata de asignar más recursos al sector, sino de “gastar mejor”; no hacen falta más profesores, sino “docentes mejor formados y capacitados”; no hace falta construir más escuelas, “sino hacer un uso racional del espacio disponible”; no hacen falta más alumnos, sino “alumnos más responsables y comprometidos con el estudio”.[18]
Contra este problema estructural los organismos han impulsado estrategias para contrarrestar la crisis de la educación. A decir de Pablo Gentili, existen dos grandes propósitos que dan coherencia a tales estrategias: “a) la necesidad de establecer mecanismos de control de calidad en la amplia esfera de los sistemas educacionales y, de manera específica, en el interior de las propias instituciones; y b) la necesidad de articular y subordinar la producción del sistema educativo a las demandas que formula el mercado de trabajo.[19]
Se ha visto que el caso de México los recursos que son destinados a la educación y a al desarrollo de la tecnología han venido sufriendo grandes recortes. Esto no se debe a una falta de fondos, sino a una tendencia intencional para mantener a los países del tercer mundo en su condición de subdesarrollo. La retórica neoliberal llama a dichas naciones países en vías de desarrollo, pero lo cierto es que, con las políticas implementadas a lo largo de los últimos cuarenta años, esta promesa de desarrollo cada vez parece más lejana. Las intenciones del neoliberalismo van dirigidas a que dichos países sean incapaces de subirse al tren de la modernidad por sí mismos.
El neoliberalismo encuentra a algunos de los culpables del atraso en la figura de los profesores. En el documental del 2012 llamado De Panzazo[20], el “periodista” Carlos Loret de Mola apunta a que en México varios de los profesores no cuentan con un nivel adecuado de preparación debido a que no existe un compromiso real por parte de ellos en la distribución de conocimientos. También menciona que esto se debe en gran medida a las políticas corruptas que dentro del sindicato de maestros (SNTE) se llevan a diario; indica que un 93 % del presupuesto destinado a este sector se va en salarios y que una cantidad importante de docentes no se encuentran en los salones de clases, sino sirviendo en diferentes puestos de la organización sindical.[21]Es cierto en gran medida lo que menciona este periodista, pero sus intenciones son las de los que ostentan el poder económico en México. El atacar al sindicato, con todas la corrupción que pueda existir en él, no obedece a una especie de toma de consciencia de una realidad nefasta dentro de esta organización; la intención es la de atacar a la figura de los sindicatos. En el pensamiento de F. A Hayek, estas organizaciones son un estorbo para la libertad individual de las personas. Un grupo de esta especie tan sólo viene a frenar las fuerzas del mercado e impide, con su monopolio del oficio o profesión, que otros individuos se desenvuelvan en este sector. Hayek apunta a que tácticas, como son la exigencia de una salario mayor, impide que otros puedan aspirar a convertirse en parte del rubro.[22]Esta idea presupone la existencia de una especie de capital destinado tan sólo para una parte de los trabajadores; si se pide un aumento se pueden llegar a las negociaciones para conseguirlo, pero a cambio se tendría que sacrificar la incursión de nuevos trabajadores en el sector. Es por esto que los neoliberales pueden ver a la organización sindical como un peligro dentro de su lógica. Claro está que este fundamento  cae por su propio peso.
Los neoliberales ofrecen dos estrategias a seguir. La descentralización y la centralización. La primera se refiere al desecho del monopolio estatal en la educación y al paso de responsabilidades a entidades más pequeñas; pasar de lo federal a lo estatal y a lo municipal. Al mismo tiempo esta estrategia lleva a la desarticulación de los grandes sindicatos ya que, debido a su carácter nacional, no existiría coherencia con las formas organizacionales más pequeñas.  “En el caso de la centralización, se propone la creación de sistemas nacionales de evaluación que califiquen y certifiquen los “productos” y “servicios” ofrecidos por las instituciones educativas. Además, se sugiere uniformar los contenidos curriculares del sistema a nivel nacional, paralelamente al establecimiento de programas de formación para profesores, con el fin de actualizar y capacitar al personal docente en función de la citada reforma”.[23]
Como se ha visto, la intención primordial ha sido la de quitar la injerencia que el Estado tiene en el control educativo. Es condición necesaria esta medida para los propósitos que el capital tiene. A mediados de los ochentas una gran cantidad de empresas empezaron a exportar su capital fijo a los países subdesarrollado, los procesos de producción ahora se hacían en países como México para después ser exportados. La mano de obra barata fue uno de los motores que impulsó a que los procesos productivos se llevaran a cabo en esta región. Por lo mismo, se hizo evidente que el modelo educativo tenía que proveer al tipo de hombre capaz de llevar a cabo esas tareas. La educación técnica poco a poco fue tomando prominencia sobre la educación superior a la antigua usanza.  
El modelo neoliberal, más allá de buscar una educación de calidad, busca un tipo de educación que sirva a las fuerzas del mercado. Lo que ha provocado en la región es la impostura de la ideología de la competitividad sobre la del humanismo. Si en los viejos tiempos la escuela formaba a hombres educados, ahora lo que hace es formar hombres que se encuentran en constante lucha para lograr pasar sobre los demás.
La imposición de medidas ajenas al orden interno de nuestro país, las hechas por los organismos internacionales, han demostrado su falta de eficiencia en cuanto a calidad se refiere. Y no se debe a un error, sino a un plan estratégicamente conformado. Tales impulsos tan sólo indican que:
a) La reducción crónica del presupuesto destinado a la educación supone la trasferencia de recursos públicos al pago de los servicios de la deuda de los países latinoamericanos.
b) El escaso dinero disponible, convertido ahora en subsidios focalizados, se condiciona al cumplimiento de los criterios establecidos en la reforma educativa.
c) Son diversas las formas en que se traspasan cada vez más los costos de los servicios educativos a la población.
d) La reforma crea las condiciones para el crecimiento de la educación privada en todos los niveles.
e) La supeditación de los planes y programas de estudio a los intereses productivos del gran capital se da con independencias de las necesidades reales de los países afectados por la reforma.
f) La eliminación sistemática de todo aspecto formativo que propicie la reflexión y la crítica, es condición fundamental para la administración ordenada del saqueo de nuestros países.[24]

Conclusión

La lógica neoliberal en la actualidad apunta hacia la necesidad de hombres que estén a la altura de las circunstancias. Que sean capaces de desenvolverse en las fuerzas que rigen el mercado. Para esto, el neoliberalismo ha hecho uso de una de las prácticas sociales más antiguas de la humanidad: la educación. Cada momento de la historia ha tenido la educación que parece adecuada para su momento; que sirve a las necesidades de un grupo o una sociedad y que es impuesta desde los círculos del poder. Pero a diferencia de los viejos modelos educativos en las que se buscaba a un hombre docto, educado, axiológicamente coherente, etc. Ahora el momento busca hombres que compitan, que sean individualistas, que sólo satisfagan sus necesidades personales; un hombre neoliberal.
Existe una contradicción en las medidas tomadas por los impulsores de la educación que proporciona a tal hombre. El Neoliberalismo niega la incursión del Estado en las fuerzas del mercado. Sin embargo, hace uso de él para darle vigor a dichas fuerzas. Lo que el Neoliberalismo busca entonces no es la desaparición de esta entidad (Hayek y Friedman jamás se nombraron a sí mismos anarquistas), sino su sumisión. Al crear hombres educados a la forma neoliberal este sistema asegura su perpetuidad; los hombres neoliberales trataran de procrear más hombres neoliberales. A pesar de todo esto existen formas de reaccionar contra estas medidas, pero el análisis y descripción de tales formas pueden ser motivo para otro trabajo.








Bibliografía:

Guillén Romo Héctor, La contrarevolución neoliberal en México,Ediciones Era,México,1997,pp. 13-72.
Pablo Gentili, “El Consenso de Washington: la crisis de la educación en América Latina”, en: http://sitdem.webcindario.com/concenso%20de%20washington.pdf
De la Torre Gamboa Manuel, Del humanismo a la competitividad, UNAM, México, 2004, pp. 11-80
Gramsci Antonio, La política y el Estado moderno, Premia, 1978
Klein Naomi, La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre,Paidós, Argentina, 2008, p 208
Alcántara Armando, POLÍTICAS EDUCATIVAS Y NEOLIBERALISMOEN MÉXICO: 1982-2006,REVISTA IBEROAMERICANA DE EDUCACIÓN. N.º 48 (2008), pp. 147-16, pdf.
Fuentes electrónicas:
Loret de Mola, Documental: de Panzazo, http://www.youtube.com/watch?v=0WDXNqH3JR8
Davis Huggengheim: Esperando por superman: http://www.youtube.com/watch?v=U_y_KN0-qgQ&feature=youtu.be
Paradigma del sistema educativo: http://www.youtube.com/watch?v=AZ3JmuaUrxs&feature=youtu.be
La educación prohibida: http://www.youtube.com/watch?v=-1Y9OqSJKCc&feature=share


[1] Guillén Romo Héctor, La contrarevolución neoliberal en México,Ediciones Era,México,1997,pp. 13-72.

[2] Klein Naomi, La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre,Paidós, Argentina, 2008, p 208..
[3]Ibid, p.7-8
[4] Guillén Romo Héctor, La contrarevolución neoliberal en México,Ediciones Era,México,1997,p14
[5]Ibid, p.17                                     
[6]Hayek en Ibid. p. 19
[7] Friedman en Ibid,p. 47
[8]Gramsci Antonio, La política y el Estado moderno, Premia, 1978.
[9] de la Torre Gamboa Manuel,Del humanismo a la competitividad,UNAM, México, 2004, pp. 11-80
[10] Citado en Ibídem, p.32
[11]Ibid, p.44
[12] En un documental del año 2012 sobre la educación en México Carlos Loret de Mola explica que en la sociedad actual los salarios pueden estar estratificados según el nivel de escolaridad de la población. Muestra una gráfica en la que se puede observar lo siguiente: Una persona que tan sólo ha cursado los estudios primarios puede alcanzar un sueldo de 4000 pesos al mes; una persona que cuenta con un nivel de secundaria alcanza a ganar los 5500; la personas que llegan a terminar el bachillerato pueden llegar a ganar unos  6000 pesos; los que llegan a la licenciatura podrán ganar hasta 14000; mientras que los afortunados que llegan a tener un postgrado quizá ganen un salario de 52000 pesos. Son muy cuestionables estos datos cuando son confrontados con la realidad. En la actualidad el mundo neoliberal ha demostrado que las personas más preparadas son los sujetos más afectados por el modelo económico debido a que el sistema cada vez más rechaza a los profesionistas.
[13] Citado en Guillén Romo Héctor, La contrarevolución neoliberal en México,Ediciones Era,México,1997,p48
[14] Es una lógica del mercado que los individuos con su participación en la economía promuevan un movimiento en cadena que sustenta al orden. Esto se puede ver en las relaciones obrero patronal.
[15]Pablo Gentili, “El Consenso de Washington: la crisis de la educación en América Latina”, en: http://sitdem.webcindario.com/concenso%20de%20washington.pdf
[16]Ibid, p.2.
[17] González Ledesma Migues Alejandro, Tesis: Neoliberalismo y educación superior en México, UNAM, 2010, p.36.
[18]Ibid, p. 37
[19]Pablo Gentili, “El Consenso de Washington: la crisis de la educación en América Latina”, en: http://sitdem.webcindario.com/concenso%20de%20washington.pdf

[20]Loret de Mola, Documental: de Panzazo, http://www.youtube.com/watch?v=0WDXNqH3JR8 (consulta: 19/12/12).
[21] Lo que menciona el autor del documental en cuanto a la corrupción existente dentro del sindicato nacional de los trabajadores de la educación es un tema muy conocido. Existen plazas que son ocupadas por personas que ni tan siquiera tienen una formación profesional o por otras que cobran una nómina sin tan siquiera dar clae. En el 2010 fue muy sonado el caso de un líder de la familia michoacana que cobraba nómina en el SNTE.
[22] Citado en Guillén Romo Héctor, La contrarevolución neoliberal en México,Ediciones Era,México,1997,p39-41.
[23][23] González Ledesma Migues Alejandro, Tesis: Neoliberalismo y educación superior en México, UNAM, 2010, p.39
[24]Ibid, p. 56.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Tribulaciones de una historia no pensada.



La intensión de este ensayo es la de hacer una especulación acerca de la falta de teoría  en la historia en México. La historia actual debería de poner más interés en este tema ya que es fundamental para la creación de una mejor concepción de la tarea del historiador. A veces al preguntársenos el por qué de nuestra carrera se cae en un silencio. El que se dedica a la   historia no encuentra los fundamentos que le dan sentido a la ciencia que estudia. Por eso es vital el hacer un estudio y  reflexión acerca del tema.
La crítica y la reflexión, considero, son como una especie de motor de la  teoría histórica. La importancia de estos dos conceptos, por lo menos en México, no ha sido tomada en cuenta como se debería. Es por esta cuestión que se habla de la falta de teoría de la historia en México. Cuando hablamos de teoría histórica mexicana inmediatamente vamos a nuestro único referente,  Edmundo O'Gorman, pero qué pasa con los demás estudiosos de la historia. ¿Acaso en México no existe un interés por explicar cual es el sentido de la historia para el ser humano?
Este tema casi no se toma en cuenta dentro de los estudios históricos ya que en él se ve una subjetivización del conocimiento histórico. Se le deja en cambio esta tarea a otras disciplinas como la filosofía. Y esto no pasa precisamente por una falta de capacidad  o pereza mental, como se suele pensar al comparar la situación de falta de teoría en nuestro país con la de otros como son los países europeos en los que el historiador es capaz de crear teorías sobre el fin de su profesión. La falta de reflexión y, por lo tanto de teoría, a mi parecer, se da por coerción, coerción de la que uno no está del todo consciente.
Desde un principio, me refiero a la creación de las instituciones, existe un tipo de alienamiento o enajenación de los estudiosos que se instala en las dependencias que se encargan de la producción del conocimiento histórico y es a través de éste que se regulariza el estudio de la historia. El estudioso que quiere ser parte de la institución o seguir en ella, debe de seguir las pautas que marca ésta misma o se vera en una situación de marginamiento.
Pero esta situación no solo se da en el campo de la historia o en el de las demás ciencias. En verdad se encuentra en todos lados. En la realidad cotidiana somos parte de un gran entramado de ideas, sentimientos u opiniones que llevan por fin el logro de ciertos intereses ajenos a nosotros mismos.    
Al parecer existe toda una estructura que da forma a una sociedad en la que el pensamiento libre y la reflexión no solo no son bien aceptados sino que incluso son censurados. Ésta censura puede ser muy bien camuflajada. Existen alrededor de nosotros cientos de distracciones que nos desvían de lo verdaderamente importante o significativo. Pero, ¿con qué fin se da está censura? ¿Cuál es la intención que se esconde detrás de ésta estructura? Y, sobre todo ¿Quién o quienes son los que ejercen ese dominio de nosotros?
 A partir de la reflexión el ser humano es capaz de entender al mundo y a sí mismo o, por lo menos, puede acercarse a un conocimiento que está más allá del conocimiento que se adquiere de forma empírica. El humano ya no se encuentra interpretando el papel de receptáculo de conocimiento solamente, sino que es capaz de generarlo y cuestionarlo. Es de este cuestionamiento de donde podemos extraer el germen de la crítica. La crítica, como decía José Ortega y Gasset, es una lucha, y como tal, es una personificación de nosotros mismos en un discurso. Es el discurso al que se quiere censurar.
Para mi es de vital importancia el uso de la reflexión y la crítica en la historia ya que sin ella sería casi imposible o imposible la creación de la teoría. Sería como alejar al ser humano de su historicidad, esto es, de su capacidad para ser creador de la historia (Heidegger).

La falta de teoría México

La teoría de la historia en México se nos presenta como un tema baladí. No es de importancia la reflexión en la historia, lo importante es la creación de hechos y el uso práctico que se le puede dar a estas construcciones. Si el estudioso de la historia hace uso de la teoría los resultados podrían ser de distinta índole. El trabajo podría ser parte de la filosofía, de la antropología o de la sociología, de todo, menos de la historia. 
La teoría de la historia es un tema en el que el historiador no debe inmiscuirse ya que esto representaría un grave problema para la legitimación del las instituciones y de las personas que verdaderamente ejercen el control de ellas.  Para las instituciones es de vital importancia el mantener a sus integrantes a raya. Si el investigador llega a representar un peligro, lo mejor que se puede hacer  es censurar su trabajo o desprestigiarlo.
Es importante ver el por qué de esta forma de actuar en el campo del conocimiento histórico. La falta de crítica o de reflexión en la historia y en las demás ciencias solo nos llevará a un estancamiento. La perpetuidad de estas formas de coerción sobre el investigador ha resultado en un declive de la forma misma en que se ve  a la historia.   
El problema que surge de la ya mencionada coerción de los “agentes externos”, como los llama Boudieu, en las investigaciones históricas es la falta de teoría. Esta falta de algo tan importante para la comprensión de cualquier campo de estudio, para la historia se transmuta en una inexistencia de la historicidad en el hombre.
Pero ¿qué se entiende por historicidad? Para definir de qué estamos hablando en cuanto a historicidad se refiere hago uso de lo que escribió Agnes Heller en su Teoría de la historia. Dice:
“La historicidad no es sólo algo que nos haya sucedido. No es una propensión en la que  nos podamos “deslizar” como si fuese un vestido. La historicidad somos nosotros, nosotros somos tiempo y espacio. Las dos “formas de percepción” kantianas no son otra cosa que la consciencia de nuestro ser. La conciencia de nuestro ser es nuestro ser. Las categorías apriorísticas kantianas – cantidad, cualidad, relación y modalidad- son secundarias desde un punto de vista ontológico. No son la conciencia d nuestro ser, sino la expresión del reflejo consciente en nuestro ser. Los seres humanos pueden concebir el tiempo y el espacio sin la necesidad de la cantidad, la cualidad, la relación y la modalidad (como el “tohu buhu”, la nada, el vacío universal), pero no pueden concebir ninguna categoría al margen del tiempo y del espacio. Incluso lo absurdo es temporal y espacial porque somos tiempo y espacio.”
Al pensar el ser humano es su historicidad y darse cuenta de que es tanto tiempo como espacio se hará consciente de sí mismo, esto significa que tendrá un conocimiento inmediato de su ser, de sus actos y de sus reflexiones. Y es esto parte importante de lo que nos distingue de otros seres, ya que es el hombre el único ser que se encuentra consciente de su finitud. Los hombres, dice Heller, son mortales. “Los animales perecen, no son mortales”. La historicidad se nos presenta con la estructura del ser y está estructura no es más que la existencia misma.
Este pensamiento claramente está sacado de la filosofía de Heidegger. Este pensador se dio a la tarea de hacer una teoría del significado del ser. En su obra Ser y Tiempo, pese a ser una obra que quedó incompleta, Heidegger plantea ideas centrales de todo su pensamiento. En ella, el autor parte del supuesto de que la tarea de la filosofía consiste en determinar plena y completamente el sentido del ser, no de los entes, entendiendo por ser, en general, aquello que instala y mantiene a los entes concretos en su entidad.
Si vamos más atrás de Heidegger nos vamos a encontrar con quien fue su mentor, Husserl, quien estudió la fenomenología. Este dato me parece importante por la repercusión que tiene en el pensamiento de Heidegger y por lo tanto en la historia. La fenomenología es una rama de la filosofía que estudia la interacción de los hechos (fenómenos) y de la conciencia. En la fenomenología la conciencia se mueve en tres tiempos, los cuales son: presente, pasado y futuro. A cada uno de estos tiempos le corresponde una capacidad de la mente. Al presente corresponde la sensación, al pasado la memoria y al futuro la imaginación (Marías, 1989). Considero que es de este pensar en los movimientos del que Heidegger saca su opinión de que el hombre es capaz de hacer historia. El hombre al crear su historia a través de la memoria desde un presente en donde actúan sus sensaciones (su interés) la lanza hacia un futuro imaginario con el fin de darle satisfacción a su “preocupación” teórica. Éste es un punto de vista muy personal.
Pero siguiendo el pensamiento de Heidegger la cuestión que sigue es la de ver qué es el ser. Para éste filosofo el ser es lo más comprensible y evidente. Todos somos capaces de comprender oraciones como “el cielo es azul” o “el mar es muy profundo”. Pero el hecho de que todos podamos entender el uso cotidiano del ser no significa que entendamos su sentido. Si se nos llega a preguntar qué es el ser difícilmente lo podríamos definirlo con otras palabras que no sea la misma de ser. Este concepto tiene algo de enigmático. “El ser no se puede definir” pero esto mismo plantea la cuestión de su sentido (Marías, 1989, p.415).
Lo que hace Heidegger es tratar de explicar el sentido del ser a través de la ciencia. Dice que la ciencia, como comportamiento del hombre tiene el modo de ser de este ente que es el hombre. A este ser él le puso el nombre de Dasein (Existir en). Pero el filósofo dice también que la ciencia no es la única forma de ser del existir. El existir se entiende por su ser; la comprensión del ser es una determinación del ser del existir.
El ser del Dasein , del existir , es la Existenz, la existencia. Heidegger llama existencial a lo que se refiere como la estructura de la existencia. El análisis ontológico del ente que como ya vimos es la existencia necesita una consideración previa de la existencialidad, es decir, el modo del ser del ente que existe.
Pero existen más entes aparte del ser. También existe otro ente que es el mundo, que igualmente cuenta con una estructura ya que éste ente está de igual forma  comprendido en el ser del existir.
La estructura de la que habla Heidegger es nuestra existencia. Es la que nos conforma como seres. Y nosotros como seres habitamos y nos desarrollamos en el mundo. Este mundo es posible de comprender debido a que está interiorizado en nuestro ser por la razón de que es en él donde nos desplegamos. Nos movemos en un espacio y también en el tiempo y estos dos conceptos son también parte de la estructura que es la existencia. Es por ésta razón que al hablar del ser se habla igualmente de tiempo y espacio. No fuimos ni seremos, somos, no estuvimos ni estaremos, estamos. Es de esta manera como llegamos a ser historia.  
Tomando en cuenta estas formas de ver al ser la pregunta sería ¿cómo se aplica esta concepción del tiempo y del ser que en el desarrolla en la historia? De qué manera aterrizamos la concepción de Heidegger en el conocimiento histórico. La respuesta tal vez sea encontrada en el autor que la trabajó en la historiografía mexicana. Este autor es Edmundo   O'Gorman.
 Edmundo   O'Gorman empieza su carrera en la historia en un tiempo de atraso en la institución. Éste atraso es claramente herencia de la corriente positivista del siglo XIX. En ella sigue aun vigente el paradigma que trata de entender a la historia como una más de las ciencias de la naturaleza. Son momentos en los que existe una cosificación de la existencia humana con el afán de transformarla en algo ajeno a la existencia misma. El argumento de Ranke, que es un “engaño o enajenación del pasado” (O'Gorman, p.149), es el que marca las leyes en los estudiosos de la primera mitad del siglo XX. Éste argumento es: “El pasado humano no tiene ni puede tener influencia sobre la vida”.
De igual forma Ranke hizo lo que O´Gorman llama un juicio vicioso que permitió el paso hacia una consideración teórica inauténtica del pasado. Ranke dijo: “El pasado es lo que realmente ocurrió”. Con éste cambio semántico se hace un truco de prestidigitación. El sujeto ya no fue este pasado, sino lo verdaderamente pasado, se convierte en un ser objetivo al que se le atribuye el predicado de haber ocurrido.
A pesar de que con este argumento Ranke trataba de convertir al pasado en un objeto de estudio, para poder delimitarlo desde la manera en que se hace en las ciencias naturales,  esto resultó ser una quimera. Al tratar a la historia como algo alejado de nosotros ésta no pasaba a ser un objeto  de la “preocupación” teórica de la que hablaba Heidegger sino que seguía en su papel pragmático o utilitario. Esto equivalía a seguir afirmando que la historia no era más que un depósito de experiencia.
Edmundo explica a que se refiere Heidegger con esto de la “preocupación”. La “preocupación” se debe entender como el existir del hombre entregado al mundo que lo circunda. Éste existir toma la forma de hábito en la que todo se trata de ver con un fin de “utilidad posible”. Ésta es la etapa en la que se encuentra la historiografía inspirada en Ranke. Es la simple utilización de la historia con un fin, utilización que se dará en la historiografía mexicana con la intención de crear un nacionalismo.
Lo que O´Gorman juzga de este paradigma es que en el no puede haber en verdad un conocimiento histórico de carácter científico ya que el origen de la ciencia es parte de la otra clase de “preocupación” que es la preocupación sabia, o sea la preocupación especulativa, de índole teorética. Si la historia sigue por este camino el discurso al que se llegará será el de fabricar existencias (hechos) y no objetos teóricos a los cuales delimitar a través de un cuestionamiento serio. Lo importante de esto es recalcar que ninguna ciencia es capaz de crear existencias, las ciencias parten desde la una existencia previa a el objeto que será creado por la investigación.
   Es de está manera que se llegó a convertir a los vestigios históricos en fuentes de información, simples materiales de un pasado muerto, una cosa lejos de nosotros. La historiografía solo trata de acomodar y clasificar en el tiempo a los vestigios y de está manera presentárnoslos como pruebas de una verdadera realidad del pasado. Es el pasado hecho cosa.
Lo importante de esto es que al hacer la historiografía un truco de imitación de las ciencias naturales trata de conseguir un fin en específico que es la legitimación como ciencia y obtener los beneficios que estas tienen. Los postulados de verdad que ostentan las ciencias de la naturaleza se transmiten a la ciencia de la historia. El estudioso de la historia se postula como un poseedor de la verdad, y ésta verdad se niega a ser combatida. Con esto se logra la extensión de la utilidad de la historia ya que tiene “posibilidades utilitarias, o sea que se consideran en su función de proposiciones de certidumbre absoluta y de necesaria, eterna y universal aceptación” (O´Gorman, p.163).
Para Edmundo la solución al problema de la historiografía en México tiene que venir desde afuera. Y es muy comprensible este modo de ver las cosas ya que el historiador no quiere perder el prestigio alcanzado con éste tipo de historia. A cualquier crítica simplemente dará la espalda. A los argumentos en contra de su oficio los verá como venidos de agentes extraños a su carrera. La que vendrá a encargarse de ejercer la crítica en la historia será la filosofía.
Lo que viene a dar el “cambio de perspectiva” en la historia es tarea de la filosofía y el historicismo. Lo que ahora se busca es el deshacerse de las imposiciones del método aunque esto sea visto como una herejía respecto a la ortodoxia metódica. El historicismo viene no ha mejorar o enriquecer la historia tradicional, viene a acabar con ella y es a través de la filosofía que se intenta armar una historia de carácter teórico.
Mientras la historia siga viéndose como una ciencia física o natural se está escondiendo a la preocupación que como historiadores nos debe importar. La historiografía naturalista “es un modo de ocultación de la posibilidad de llegar a conocer especulativamente a la historia” (O´Gorman, p.191). Existe un desvío del juicio.
Hay que recordar que Heidegger habla de un cambio de juicio para empezar a tratar bien un conocimiento y darle el carácter de científico. Edmundo usa el siguiente juicio: “El pasado es un deposito de experiencia humana”. Pero dice que esté juicio no es suficiente ya que implica aún factores prácticos. Si se lee de diferente manera el sentido cambia. “El pasado es algo que se refiere al hombre: que es nuestro”. Así, con éste cambio semántico, se logra hacer del pasado un ser objetivo: el pasado de atributo humano
El pasado se convierte en objeto especulativo. Existe una “precomprensión predeterminante” que delimita al pasado, de donde surgen cierto tipo de cuestiones. Ahora ya el pasado no sólo pasa a formar parte y tener influencia en nosotros, ahora es nuestro. Lo que pretendía la historiografía tradicionalista era el despojarnos de algo que por “herencia”, como pensaba Heidegger, nos pertenece. El velo de esta historiografía nos privaba de conocer nuestra historicidad. Nos ocultaba la posibilidad de ser auténticos y conscientes de nuestro ser.
Pero bien, esa historia tradicionalista sigue aún en nuestros días. La muestra está en que la teoría de la historia en México es todavía inexistente. Los historiadores siguen haciendo trabajos en los que la metodología del siglo XIX no se va del todo. Siguen llenándose de polvo en los archivos, siguen tomando al documento como una prueba de veracidad, siguen sin acercarse a otras formas de estudiar la historia. ¿A qué obedece éste comportamiento? Como ya he dicho anteriormente sigue existiendo cierta clase de presión sobre el investigador, ciertas fuerzas que lo obligan a aceptar los paradigmas impuestos o a las que no pone resistencia e incluso colabora con ellas. Claro que existen casos en los que el historiador sí tiene una verdadera vocación y lucha contra las imposiciones, las critica y enfrenta.
Cabe ver de qué forma la historiografía tradicionalista se encuentra en la actualidad, de que forma sigue trabajando y cual es su intención. Porque el que la historia se siga llevando de tal manera sirve a fines diferentes de los fines que solía seguir en los tiempos de O´Gorman.  Detrás de la historia actual se encuentra fuerzas más represivas y autoritarias.

 La historia en nuestro país

En Días de guardar (Monsivais, 1970, pag40) nos da una muestra de cómo el mexicano ve a la historia dice:
“Alguien siempre ha sostenido la no muy aparatosa tesis que afirma nuestra (plural de mexicanos) confusión cotidiana en lo relativo a las fronteras entre la historia y el folletón. Los límites jamás son precisos: puesto que la mayoría de los mexicanos hemos sido entrenados en el empeño de captar el nivel o la dimensión anecdótica de la historia (la propaganda habitualmente) , ya que se nos educó para vislumbrar como teoría general del pasado una serie de flashes que iluminan la escena de conjunto del tercer acto , se ha llegado, en una conmovedora confusión populista a historia con melodrama, historia con despliegue interpretativo, historia con caracterización de los personajes.”
La historia en México entonces solo se nos presenta como un gran compendio de anécdotas que caen como piezas de dominó una tras otra. Cada una representando un instante que precede al siguiente en una ilación que se desarrolla en el tiempo, pero cada una aislada a la vez de las otras. Para quien se acerque a la historia lo único posible de ver será una especie de drama, una historia de personajes que interpretan a los héroes de la patria, a los creadores o culpables de nuestra nación.
Historia es, viéndola desde éste enfoque, Hidalgo dando el grito de Dolores en una fría madrugada, es Carmen Serdán defendiendo su casa, es la Corregidora en 1810 avisándole a los conjurados el descubrimiento del complot, es la batalla vencedora del ejercito mexicano ante los enemigos franceses, es un “El respeto al derecho ajeno, es la paz”, es Juan Escutia saltando envuelto por el lábaro patrio, es la mitificación del patriotismo nacional. Jamás la historia será la de los movimientos sociales, la de la criminalización de la protesta, la de los desaparecidos, la de los fraudes electorales y mucho menos la de los hechos recientes como la lucha del SME.
El panfleto es la forma que toma el conocimiento histórico y es usado a favor del régimen en el que vivimos. Es una manera de permear en la sociedad la legitimidad de su situación. En ella existe toda la intención del engaño y la confusión. La historia en México es, en palabras de Claudio Lomnitz (1998), una “Ruina modernista”.” La prisa por legitimar una presidencia o un gobierno se enreda con la economía del gasto público, y ambas se confabulan en una producción de auténticos monumentos – inhóspitos y enajenantes para el usuario al que estarían destinados: “el público”.- a la grandilocuencia y la corrupción de las élites gobernantes”.  
En un ensayo de Bolívar Echeverría (fallecido hace poco) titulado Los indicios y la historia (2006) se nos habla de una historia escrita a contrapelo. Está es una historia escrita a partir no de los vestigios que dan pruebas irrefutables o llamadas verdaderas que dejan tras de sí los acontecimientos estimados de grandes y decisivos por los protagonistas o sus historiadores, sino escrita precisamente por la ausencia de ese tipo de pruebas que se pierden con el acontecer de la vida misma.
Para explicar éste tipo de historia Bolívar se remite al ensayo de Ginzburg sobre el paradigma indiciario. Ginzburg es famoso por su microhistoria en la que saca a la luz aquello de la historia que no es del todo visible o que fue borrado. Es de esta manera que le fue posible el hacer un libro como El queso y los gusanos con tan poco material ya que él trata de encontrar esos datos perdidos o que se podrían, por decirlo así, leerse entre líneas.
“Si la realidad es opaca, existen ciertos puntos priviligiados –señales, indicios- que nos permiten descifrar. Esta ida constituye el núcleo del “paradigma indiciario” o “sintomatológico” (ginzburg).
Lo que se entiende por indicio no es precisamente lo que conforma una parte de algo mucho más grande y que es insuficiente o innecesario. Por ejemplo los vestigios que ha dejado un músico para su estudio son su obra, las partituras que quedaron, son el instrumento que tocaba, las grabaciones que dejó, los testimonios sobre él, biografías, fotografías, entrevistas etc. A pesar de tener tanta información sobre el músico ésta no puede ser declarada como suficiente y dejar de lado los indicios. A toda esa información hay que tratarla como indicios. Esto es importante por que los indicios son “huellas de vida” (Bolívar, 2006).   
Escribe Bolívar Echeverría:
“En efecto, al ser empleados como pruebas del discurso biográfico, los documentos solo muestran su cara manifiesta o luminosa; todos ellos tienen sin embargo, al mismo tiempo otra cara, una cara oculta, que está en lo oscuro y que los convierte necesariamente en indicios”.
La historiografía tradicional está llena de datos y vestigios que se nos hacen pasar por verdaderos. Sin embargo esta cantidad de información a veces trata de ocular algo en su interior, algo de lo que no se nos quiere hacer partícipes. Se nos muestra una historia con huecos, pero es en estos huecos donde se encuentran los indicios. Los indicios invitan a la interpretación. El indicio es un dato que esta allí en lugar de la prueba que falta o más allá de la prueba existente. El indicio es algo que por necesidad fue vedado.
En el caso de la historia en México podríamos encontrar cantidad de indicios ya que es escrita con toda la intención del engaño. Es la historia oficial, la historia que se escribe desde arriba por encargo. Es la historia que institucionaliza y educa a la población. Es, por lo tanto, la historia en la que los indicios deben ser interpretados para saber qué es lo que se esconde. Si como seres humanos tenemos deberes con nosotros mismos y con los demás, de igual forma al ser seres que somos historia tenemos un compromiso con la historia misma.

Bibliografía:

O´Gorman Edmundo, Crisis y porvenir de la ciencia histórica, Imprenta universitaria, 1947, pp.137-217.
 Marías Julián, Historia de la filosofía, Alianza universidad textos, 1989, pp.413-419.
Heller Agnes, Teoría de la historia, Fontamara, p.9
Monsiváis Carlos, Días de guardar, ERA, 1970, p.40.
Bolívar Echeverría, Los indicios y la historia en Vuelta de siglo, ERA, 2006, pp. 131-143.

lunes, 16 de julio de 2012


Alfonso Reyes
(El hombre cuya obra se desborda)

José Roberto Conde Morales.


Un hombre yace inmóvil y ausente. Un hombre yace ausente y callado; el mismo hombre que alguna vez “Venció con la voz y la presencia”[1]. Un hombre yace callado y abatido por la cruel ráfaga de la resistencia y la moderna tecnología. Observando anhelante las puertas de Palacio Nacional, su mirada ya no es la misma; le falta el brillo del sol que se refleja en el suelo regiomontano, tierra en la que su figura de valiente y poderoso fue pilar de gobernabilidad y orden aparente. Un hombre yace inmóvil, callado, ausente y abatido en pleno zócalo capitalino. De su cuerpo ya no mana el calor de los días de batalla y de gloria que se remontan a sus mocedades de dieciséis años. Su cuerpo yace tendido al sol al igual que el cuerpo de aquél emperador, a quien se encomendó reinar en el segundo imperio mexicano y quien tenía  por esposa a la loca del castillo de Bouchout , al que él vio ser fusilado tras el sitio de Querétaro. Un hombre yace tendido mientras el frio de la roca histórica, cuyo fondo tiene una visión completa del valle de Anáhuac, lo ha invitado a llevarlo a sus entrañas. El hombre yace frio y muerto; el hombre es ya uno más de nuestros muertos. El hombre es Bernardo Reyes.   
Amigo y colaborador del Caudillo, se ha levantado contra el Maderismo fraguando el plan que la soledad le ha inspirado en Tamaulipas. Será condenado a muerte por este hecho, muerte que no llega en el momento, pero condena irrefutable en el pronto devenir. En Santiago Tlatelolco, lugar de esperanza y represión,  aguardará por el cruel destino hasta que el primero de los diez días trágicos y funestos de Febrero  aparezca  en las páginas del calendario de 1913.
Pero el apellido Reyes y su linaje no se han esfumado  con la lluvia de proyectiles que sobre la nación, y sobre el general Bernardo,  parece caer a tropel. Como todo buen ciudadano de la época se ha asegurado de que su sangre siga fluyendo, y en abundancia, más allá del zócalo; se ha asegurado de que su sangre no sólo sea ese charco en el que ahora descansa.  Su sangre, junto con la de su compañera Aurelia Ochoa, fluye y da vida a doce personas más: Bernardo, Rodolfo, María, Roberto, Aurelia, Amalia, Eloísa, Otilia, Alfonso, Guadalupe, Eva y Alejandro.  El noveno en la lista pasará a la historia junto con su padre. Ejemplos muy escasos (sin tomar en cuenta los linajes reales en los que la casualidad o destino cuentan más que los atributos personales)  se han dado en las páginas que guardan la memoria de la humanidad: Alexandre Dumas y Alexandre Dumas hijo; José María Morelos y Juan Nepomuceno Almonte; Paco Ignacio Taibo I y Paco Ignacio Taibo II;  Luis Villoro y Juan Villoro; etc.  
La muerte del padre será un parte aguas en la vida de Alfonso Reyes. Debido a esta se exiliará en París. El hijo de un “traidor” de la patria no tiene más opción que ésta. Su hermano también se ha unido al gobierno del Chacal espurio Victoriano Huerta. En París se unirá a la Legación mexicana. Su estancia en Europa, particularmente en España en la que pasa diez años de su vida,  servirá  para que su talento y erudición se confirmen. A su regresó será ya conocida su fama  de escritor, ensayista, periodista, investigador y poeta, lo que ocasionará que desempeñe importantes cargos en la construcción de la revolución institucionalizada.  
Alfonso Reyes, el regiomontano universal, fue uno de esos hombres tocados  por  el encanto que la palabra  manifiesta  entre el mundo,  las cosas y el hombre  y que es poco apreciado por las mayorías. Es el mismo encanto el que lo mantuvo horas y horas devorando todo lo que llegara a sus manos en forma escrita; y fue ese mismo deleite de la palabra lo que lo condenó  -condena  del artista por la imposibilidad de no hacer a diario su arte-  a pasar la vida entera suspendido de la pluma con que dibujando  escenas, reflexiones, divagaciones, poemas, ensayos, críticas, traducciones e investigaciones se han llenado las páginas que forman su vasta obra. Sobre la escritura Reyes dice:
“Escribir es como la respiración de mi alma, la válvula de mi moral. Siempre he confiado a la pluma la tarea de consolarme o devolverme el equilibrio, que el envite de las impresiones exteriores amenaza todos los días. Escribo porque vivo. Y nunca he creído que escribir sea otra cosa que disciplinar todos los órdenes de la actividad espiritual, y, por consecuencia, depurar de paso todos los motivos de la conducta.”[2] 
Allegado a los clásicos, Alfonso Reyes no fue un escritor precisamente nacionalistas cuya inspiración proviniera de los paisajes, costumbres, historia, gente e idiosincrasia del país de origen. Las imágenes que de su pluma salieron a la luz como manantial aparentemente inagotable de sabiduría y erudición invitan al lector a terrenos más profundos del alma occidental e internacional. Sus temas no tiene que ver con la historia de una región; sus temas tratan de abarcarlo todo. Su inspiración viene de la cuna en la que reposa la civilización del occidente y su estilo se basa en la búsqueda de las formas más bellas. “Ya sé que hay grandes artistas que escriben con el puñal o mojan la pluma en veneno. Respeto el misterio, pero yo me siento de otro modo. Vuelvo a nuestro platón, y soy fiel a un ideal estético y ético a la vez, hecho de bien y de belleza.” [3]     
Nacido en Monterrey, el 17 de mayo de 1889, fue criado en cuna condecorada por el régimen existente. Su padre,  eminente hombre de guerra, ocupó el cargo de gobernador en el estado norteño de Nuevo León. De igual forma,  el general Bernardo Reyes fue nombrado por el Caudillo como su secretario de guerra y marina. Por este motivo Alfonso Reyes vino al mundo con una gran de ventaja sobre la mayor parte de la población; ya que en esta  época tan sólo menos de una cuarta parte de la sociedad mexicana de finales del siglo XIX y principios del XX se podía apreciar a sí misma como parte de ese grupo que escapaba a la pobreza cruel y a la marginalidad necesarias de la modernidad porfiriana para la construcción del progreso material. Su familia fue perteneciente a esa élite que se encargaba de dar perpetuidad al orden y a la paz construida a base de violencia y represión de que tanto se ha escrito en la historia nacional.
Fue en ese ambiente de paz en el que el joven Alfonso Reyes comienza su formación académica. En los colegios de Monterrey será educado bajo los preceptos del liberalismo y positivismo reinantes que buscan la formación de ese “hombre nuevo”[4] que pueda poseer los valores morales para liberarse. Fue inscrito en Liceo Francés de México y en el Colegio Civil de Monterrey; ya en la capital, será uno más de los jóvenes que pasaron a engrosar las filas de la Escuela Nacional Preparatoria; también estudio en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, que tiempo después sería la Facultad de Derecho de la Ciudad de México, en donde el 16 de Julio de 1913 se graduó de  abogado.[5]  Los chicos de esta época fueron educados para ser los pilares que sostuvieran  todo el conjunto ideológico de la modernidad capitalista naciente; se trataba de uniformizar a la educación para crear hombres, que en palabras de José Emilio Pacheco, llegaran a ser “egoístas, violentos, ambiciosos, materialistas”. Los encargados de la instrucción pública “dan al mexicano la misión de alcanzar cualidades sajonas”.[6]
Pero Reyes, al igual que un distinguido grupo de Jóvenes sensibles al cambio de siglo, no cae en las categorías que el momento trata de imponer. La ideología positivista, con su orden y progreso, es rechazada por un naciente humanismo que se da entre muchos de los egresados de la Escuela Nacional Preparatoria. Este recinto había funcionado como bastión de la ideología dominante (científica)  y en sus aulas la educación era fragmentada de tal forma que sirviera al avance de las ciencias, haciendo de lado las cuestiones consideradas como morales o metafísicas. El humanismo tenía muy poco espacio en este lugar. Sin embargo, un grupo de muchachos, cansados de la rigurosidad de los modelos aprendidos en las diversas instituciones a lo largo del país, tuvieron la idea de formar un grupo en el que la filosofía, la literatura, las artes, el libre pensar y la valoración de la antigüedad clásica tuvieran una voz propia fuera de las aulas.  Esta idea se vio concretada en 1909 con la formación del Ateneo de la Juventud, del que Alfonso Reyes fue pionero.
La educación que este grupo tuvo, así como la ideología con la que fueron construidos, ya no era coherente con los nuevos tiempos. La figura del Dictador, héroe del pasado y salvador de México, ya era caduca e inverosímil. Se encontraban viviendo entre la “Ficción Liberal”, en la que se defendía la idea de un país en el que la democracia era real y efectiva; y la ficción científica y excluyente en la que sólo un pequeño grupo era privilegiado en detrimento de las mayorías; todo esto sostenido aún por la figura de Porfirio Díaz al que los años parecían cobrarle sus andanzas.
Cansados de la academia, los ateneístas se enfrascan en la reflexión y la divagación. Los clásicos son despertados de sus tumbas y se los hace ser escuchados en las noches de algarabía y júbilo que el grupo organiza.  Se lee a Kant y a Nietzsche; a Platón y a Walter Pater; a Émile Boutroux  y Henri Bergson. Son las noches en las que la revolución cultural comienza a fraguarse. Es en este punto en el que lo revolucionario y nacionalismo tiene su expresión: la transformación de la cultura. Las conferencias empiezan a llegar a la sociedad, se hacen de forma abierta con el fin de culturizar al pueblo.  La cultura que el Porfiriato buscaba imponer tenía los ojos dirigidos a Europa, a Francia en específico. “Volved los ojos al suelo de México, a los recursos de México, a los hombres de México…a los que somos en verdad” dice Antonio Caso en una de las conferencias organizadas por el Ateneo. La meta de los ateneístas es conseguir la libertad de pensamiento y cátedra así como así como la consecución de una estética mexicana. El apoyo en lo clásico y europeo se convierte en el punto de partida hacia lo auténticamente mexicano.  Algunos de ellos pasaran tiempo en Europa aprendiendo de las nuevas tendencias artísticas.  
Para Alfonso Reyes ésta será una etapa de despertar: sus preocupaciones apuntan hacia la crítica del modelo ideológico seguido hasta entonces y a sus impaciencias literarias. Para Alfonso es necesario un cambio de paradigma en cuanto al modo de enseñanza y el formalismo educativo que sólo encasilla al ser humano en un delimitado campo de aprendizaje. Para él la búsqueda de la formación completa debe de ser un patrón a seguir que ayudará a la población a renacer con nuevos valores inspirados en un humanismo contrario al materialismo desgastante del ser moderno. La literatura, la música, la pintura, la cultura etc. son en su obra el material de construcción de una humanidad más consciente.  En cuanto a sus preocupaciones literarias y lingüísticas, podemos encontrar de manera temprana una visión sobre el lenguaje culto y el lenguaje vulgar; sobre el qué hacer y el cómo hacer del escritor; se pregunta acerca de la estética  y de la ética en el arte. En cuanto a la lengua, se  pregunta cuál de las dos tiene una mayor preeminencia, ¿la vulgar o la culta?; cuál es la que merece prevalecer.  Reyes no niega la importancia del pueblo en la transformación del lenguaje; no es un escritor que ve al vulgo como ese inmenso asesino de lengua. A pesar de que en su obra es apreciable un gran cuidado de la estética en las palabras, sabe que la lengua vive en los que la hablan; y que por su parte, el lenguaje culto es más parecido a una construcción que a un ser vivo. En uno de sus ensayos dice lo siguiente: “Por otra parte, hay que desconfiar de nuestro orgullo. Lo que hoy es un barbarismo pudiera ser la forma lícita de mañana. El vulgo, con sus barbarismos,  previene y cultiva la futura etapa del idioma. Si a los cultos estuviera confiado dar el aliento a los idiomas, todavía estaríamos hablando el latín.”[7]
La Revolución Mexica vino a provocar una ruptura de todo lo ya establecido en el país. No se trató tan sólo una etapa de lucha entre diferentes y variados grupos sociales con el fin de derrocar a un dictador, ni tampoco fue el simple hecho de cambiar una élite por otra; la revolución es una lucha de proyectos entre los diversos intereses de la época. El maderismo parecía ser en sus inicios el triunfo de la contienda. Sin embargo dicho triunfo no fue duradero y, como hemos visto, la lucha continuó hasta el año de 1917 en el que, con la proclamación de la constitución del 17, se da comienzo a la Revolución institucionalizada. En el año de 1913 se da un golpe contra el gobierno Madero en el que muere el general Bernardo Reyes. Como ya se ha mencionado arriba esto, más la participación de uno de sus hermanos en el gobierno de Huerta, provocó el exilio de Alfonso Reyes a Europa.
París fue para Reyes el lugar de un destierro al que se puede calificar de más o menos honorable. En este país desempeñó un modesto cargo diplomático. Pero el lugar en donde se haría de fama internacional fue España. Si a su llegada a Europa había sido un empleado de gobierno agotado por las innumerables tareas consulares que sobre él recaían, para su salida de Europa ya era un afamado embajador. En España, de 1914 a 1924, consolida su oficio literario y, más importante, depura su estilo. De este periodo datan obras como:   Visión de Anáhuac, Cartones de Madrid, El suicida, El cazador, Calendario, El plano oblicuo, Huellas, Ifigenia cruel y Cuestiones gongorinas.[8]
En Plano Oblicuo se encuentra una de las narraciones más intrigantes de Alfonso Reyes: La cena.  Cuento fantástico que llega a ser tomado como surrealista y que deja al lector con una sensación de pérdida y mareo en su tiempo circular. Otro cuento contenido en Plano Oblicuo es La primera confesión en el que el autor deja al lector con una gran duda; parece que al cuento le faltaran esas páginas imprescindibles para descubrir el misterio que la penitencia guarda.  
La variedad de los temas es uno de los aspectos característicos en la obra de Reyes: temas de la niñez, reflexiones sobre la pintura y los pintores; narraciones de sucesos fantásticos y acercamientos a la cultura europea; crónicas y artículos periodísticos; ensayos que rayan en lo filosófico; investigaciones profesionales de la literatura; poemas y prosas de gran belleza y calidad; la novela “cinematográfica”. Toda una gama de escritos se hacen presentes en Reyes.    
 Visón de Anáhuac es quizá la obra más conocida de Alfonso Reyes o por lo menos es de la que más se ha escuchado hablar. (caso como el de el Quijote del que todos hablan pero pocos leen). En ella el autor hace una descripción, basándose en fuentes de primera mano (cronistas), de las impresiones de los primeros conquistadores al encontrarse en el  basto valle precolombino. Hace un esfuerzo literario por ubicar al lector en el paisaje; las montañas, la verdura del valle y la parcelación de la laguna:
Dos lagunas ocupan casi todo el valle: la una salada, la otra dulce. Sus aguas se mezclan con ritmos de marea, en el estrecho formado por las sierras circundantes y un espinazo de montañas que parte del centro. En mitad de la laguna salada se asienta la metrópoli, como una inmensa flor de piedra, comunicada a tierra firme por cuatro puertas y tres calzadas, anchas de dos lanzas jinetas. En cada una de las cuatro puertas, un ministro grava las mercancías. Agrúpanse los edificios en masas cúbicas; la piedra está llena de labores, de grecas. Las casas de los señores tienen vergeles en los pisos altos y bajos, y un terrado por donde pudieran correr cañas hasta treinta hombres acaballo.”[9] 
La cultura del México prehispánico se hace presente a través del relato de las costumbres: el mercado, la arquitectura, la figura del emperador, etc. No deja de lado el simbolismo tan rico con el que contaban los antiguos moradores del periodo precolombino:
Flor era uno de los veinte signos delos días; la flor es también el signo de lo noble y lo precioso; asimismo, representa los perfumes y las bebidas. También surge de la sangre del sacrificio, y corona el signo jeroglífico de la oratoria. Las guirnaldas, el árbol, el maguey y el maíz alternan en los jeroglíficos de lugares. La flor se pinta de un modo esquemático, reducida a estricta simetría, ya vista por el perfil o ya por la boca de la corola. Igualmente, para la representación del árbol se usa de un esquema definido: ya es un tronco que se abre en tres ramas iguales rematando en haces de hojas, o ya son dos troncos divergentes que se ramifican de un modo simétrico.”[10]
En este mismo libro Reyes nos da su visión de la historia. En ella plantea que es esta maestra de vida es la que nos puede hacer apreciar el paisaje y la cultura de una forma más completa y sustancial; sin ella todo en el mundo se nos puede presentar carente del verdadero significado; tan sólo nos sería posible ver un fantasma de la realidad:
Cualquiera que sea la doctrina histórica que se profese (y no soy de los que sueñan en perpetuaciones absurdas de las tradiciones indígenas, y ni siquiera fío demasiado en perpetuaciones de la española), nos une con la raza de ayer, sin hablar de sangres, la comunidad del esfuerzo por domeñar nuestra naturaleza brava y fragosa; esfuerzo que es la base bruta de la historia. Nos une también la comunidad, mucho más profunda, de la emoción cotidiana ante el mismo objeto natural. El choque de la sensibilidad con el mismo mundo labra, engendra un alma común. Pero cuando no se aceptara lo uno ni lo otro—ni la obra de la acción común, ni la obra de la contemplación común—, convéngase en que la emoción histórica es parte de la vida actual, y, sin su fulgor, nuestros valles y nuestras montañas serían como un teatro sin luz”. [11]
Alfonso Reyes es uno de los escritores más importantes de nuestro país. Su obra es de carácter descomunal. Casi treinta tomos del Fondo de Cultura Económico han sido dedicados a sus letras. Harían falta muchas páginas para hablar de Reyes y  su obra. En este trabajo me he delimitado a sus primeros años tomando como punto de partida la muerte de su padre que fue un suceso emotivo y  determinante, para después ir hacia atrás en la cronología de su vida. También lo he ubicado más que nada en el momento revolucionario de México en el que la transformación cultural empieza a hacerse presente. La etapa en la que vive en España y se forma como verdadero escritor y en la que adquiere fama mundial puede ser motivo para seguirse en otro trabajo.   




[1]Reyes  Alfonso "ALBORES" Pág. 154.
[2] Reyes Alfonso, Obras completas, FCE,Tomo 4, Pag.451.
[3] Ibim.p.451.
[4] Guerra Francois Xavier,México: del antiguo régimen a la Revolución, México, FCE, 2T, 1988. P. 395.
[5] http://es.wikipedia.org/wiki/Alfonso_Reyes_Ochoa
[6] Pacheco José Emilio,( …)1969,p.34.
[7] Reyes Alfonso, Obras completas, FCE,Tomo 3,p.144.
[8] http://cvc.cervantes.es/literatura/escritores/a_reyes/entorno/martinez.htm
[9] Reyes Alfonso, Obras completas, FCE,Tomo II, P.18
[10] Ibim.
[11] Ibim.

sábado, 7 de julio de 2012


Las Jóvenes calles de Julio.
Roberto Conde.

Las calles rejuvenecen en estos días en los que el polvo se asienta con facilidad sobre ellas. El tiempo parece haber dado marcha atrás casi un siglo. Las huellas de miles van levantando el polvo marchito que sexenio tras sexenio se cimienta sobre los trazos de la nación. Y quedan como impronta imborrable en la cera de la memoria colectiva. El ayer de hace 83 años  está más que presente en los ánimos de los que dan por vencida la contienda.  Reina en  los  que un pasado trata de imponer y dar su versión de los hechos. Es el pasado defensor de los mejores tiempos; defensor de una nostalgia de lo menos “pior” Pero este pasado no es el de los mexicanos ni el de los historiadores serios: es el pasado de algún puño de traidores que construyen ficciones y traman una realidad más que fingida.
Modernidad sobre modernidad ha venido dejando al pueblo con un lastre insoportable hacia el pasado. El discurso de ellas es el del porvenir que ya está aquí. El ahora democratizado  del que tanto se presume en la actualidad se parece tanto al ahora de Porfirio; al ya de Ávila Camacho; al hoy de Díaz Ordaz y de Echeverría. Se le ha vendido a un precio demasiado caro al pueblo la idea barata de una democracia adecuada a las circunstancias del siglo XXI. Democracia fallida cuyo centro está plagado con  prácticas que  no son diferentes a las del siglo XIX. Se trata de la ficción liberal; de la ficción democrática. Es la ficción que crea realidad de la misma manera en que la televisión crea historias inverosímiles a todas horas del día.
El pasado debe de estar presente, de eso no cabe la menor duda. Pero debe de estar presente como memoria en los ciudadanos: ese ser de lo que ha sido compartido por el grupo; ser auténtico e imborrable en el mundo; ser que se encuentra en constante lucha contra el olvido. Desde los ámbitos de la memoria se sacarán las fuerzas y las armas para negar el pasado por encargo creado  desde arriba. La memoria maestra y amiga, eslabón entre los humanos, jamás debe de ser borrada con discursos y palabrerías engañosas. Si esto no pasara se caería en  la imagen errónea del presente continuo; ese presente en el que al parecer todo es y ha sido tal y como se nos presenta. Es la continuidad de lo ya establecido y de lo que no tiene ni se puede encontrar escapatoria.  
Las calles rejuvenecen en estos días en los que un pasado fantoche parece estar más que presente. Pasado que niega su inexistencia y se rehúsa a dejar de ser y mentir. Rejuvenecen por que es necesario y  así lo amerita; porque de lo contrario, quedaran como ruinas sobre las que la modernidad impondrá su terrible sello de autenticidad y novedad.  Rejuvenecen con el ritmo de los que estudian; de los que saben y se informan; de los que ya no aceptan imposiciones ni caen en clásicos discursos de apatía y resignación; de los que ya no callan, gritan  y viven ilusionados por lo que los demás ven tan distante e imposible. Su marcha ha venido a dar aires de respiro, provenientes del oriente, a un cuerpo que ha pasado por mucho tiempo raquítico e inmóvil. Dicen ser 132. Habrá que contarlos mejor.

Puebla 8 de Julio de 2012.